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Código Unívoco
1292
Revista
Familia & Niñez
Número
197
Título
Género y cuidados: un debate sobre la igualdad
Autor
María Verónica Ruiu y Catriel Josué Nieve Bensabath
Texto

Resumen: Los roles que socialmente han sido y son asignados a varones y mujeres evidencian una desigualdad en la distribución de cargas y beneficios que favorecen sistemáticamente a los primeros en desmedro de las últimas. Tal inequidad luce palmaria al analizar los cuidados en nuestra sociedad.

Palabras clave: Cuidados, género, desigualdad



Sumario: 1. Introducción. 2. Género, roles sociales y desigualdades. 3. Las implicancias del género en el debate sobre los cuidados. 4. Conclusiones. 5. Bibliografía.



1. Introducción

El presente trabajo integra una serie de ensayos que pretenden visibilizar a los cuidados como derechos humanos y dar cuenta de sus implicancias en las interacciones sociales. En la serie se persigue indagar sobre los cuidados a partir de diversas categorías analíticas interdependientes, como el Estado; la comunidad; las familias; el género; la niñez; las personas con discapacidad, los adultos mayores, entre otros.

En nuestra primera entrega concluimos que la esencialidad de los cuidados y su inherencia a nuestra condición humana revelan la necesidad de repensarlos en clave de derechos humanos, así como la desigualdad existente en la distribución de las responsabilidades de cuidados entre hogares, Estado, mercado y organizaciones comunitarias.

En esta ocasión analizaremos las implicancias del género en la organización social del cuidado; para ello, resulta imperioso referirnos brevemente a algunas nociones nodales relativas al género, los roles sociales y la desigualdad.



2. Género, roles sociales y desigualdad

En términos generales, el género refiere a los conceptos sociales de las funciones, comportamientos, actividades y atributos que cada sociedad considera apropiados para los hombres y las mujeres.1

Dicho esto, es necesario distinguir las categorías sexo y género, las que - erróneamente - suelen utilizarse como sinónimos.

El sexo es un atributo biológico, dado, necesario e inmutablemente fáctico, mientras que el género es la construcción cultural variable del sexo, por lo que nadie nace con un género: el género siempre es adquirido. (Butler, 2001)2

Cuando hablamos de la diferencia sexual entre mujeres y varones nos referimos precisamente a una condición biológica: a una serie de características biológicas, genéticas que tienen como base una diferencia entre órganos femeninos y masculinos. En cambio, al referirnos a la cuestión de género estamos dando cuenta de una construcción que ya no es biológica, sino cultural y social, y por tanto, también histórica. El género nos remite a una forma de relación, que es construida social y culturalmente entre hombres y mujeres a partir de una serie de estereotipos sobre lo que se supone que es ser mujer o ser varón. (Faur)3

El género, en tanto categoría relacional construida históricamente, expresa un orden jerárquico entre varón y mujer.

Maffia advierte que hombres y mujeres son diferentes, y se pregunta ¿cómo se convierte una diferencia en jerarquía?4

Explica la autora que en la concepción medieval y hasta entrada la modernidad, diferencia y jerarquía se encontraban íntimamente vinculadas porque se pensaba que las personas tenían relaciones naturales entre ellas, relaciones de superioridad e inferioridad que explicaban incluso la organización social. A las mujeres por el hecho de tener capacidad reproductiva se les asignaba funciones de cuidado.

En la Modernidad -revoluciones francesa e industrial - la fábrica (reservada a los varones) aparece en lo público como un lugar de producción, mientras que el espacio doméstico (reservado a las mujeres) aparece como un lugar de reproducción.

Señala Maffia que las funciones públicas y privadas aparecen sexuadas, existe una división sexual del trabajo: los hombres producen y las mujeres reproducen. El trabajo del varón es productivo y genera salario mientras que el trabajo de la mujer es reproductivo, no genera salario. Es decir, encontramos roles sociales asignados a varones y mujeres, con base en estereotipos que no admiten análisis, ni cuestionamiento y que colocan a estas últimas en situación de desigualdad con relación a los primeros.

Conforme a estas concepciones, sostenidas durante siglos por el sistema patriarcal, se concibe a la mujer como cuidadora por naturaleza y sobre ella pesa de manera exclusiva la atención del hogar, del esposo, la familia, quedando relegada al ámbito privado; mientras que el hombre es dueño del ámbito público, al que se le asignan las características de racionalidad, fuerza y objetividad.

Al respecto, Ferro señala que “el primer espacio de construcción y alfabetización de las jerarquías de género es la familia (…) la alfabetización sobre el orden de género se inicia en nuestro nacimiento biológico y a partir de ello se nos atribuyen desde lo familiar, colores de vestimenta, espacios diferenciados para varones y para mujeres, juguetes diferenciados para varones y para mujeres, comportamientos diferenciados para varones y para mujeres y fundamentalmente una socialización diferenciada por razones de sexo. Seguimos utilizando como adultos esos mismos patrones diferenciados en perspectiva de género en la forma del apodo afectuoso: “campeón” a los niños y “princesas” a las niñas.”5

En definitiva, los roles sociales culturalmente asignados en forma diferencial a varones y mujeres generan desigualdad, es decir, diferencias en la distribución de cargas y beneficios que favorecen sistemáticamente a los varones y perjudican a las mujeres.



3. Las implicancias del género en el debate sobre los cuidados

La noción de cuidados reviste fundamental importancia al momento de analizar la igualdad entre hombres y mujeres.

El cuidado designa a la acción de ayudar a un niño o a una persona dependiente en el desarrollo y el bienestar de su vida cotidiana. Engloba, por tanto, hacerse cargo del cuidado material que implica un trabajo, del cuidado económico que implica un costo económico, y del cuidado psicológico que implica un vínculo afectivo, emotivo, sentimental. Puede ser realizado de manera honoraria o benéfica por parientes en el marco de la familia, o puede ser realizado de manera remunerada en el marco o no de la familia. (Batthyány, 2011).6

Las personas que más demandan cuidado, precisamente por los ciclos vitales que atraviesan, son los niños, niñas y adolescentes y las personas adultas mayores. También las personas que están afectadas por alguna discapacidad que disminuye o afecta su autonomía física y psicológica, requieren de cuidado. No obstante, muchos adultos -mayoritariamente varones- que pueden auto-proveerse de cuidado se benefician también del cuidado efectuado en su inmensa mayoría por mujeres. (Zibecchi, cit. por Batthyány, 2011).7

Conforme a la organización social del cuidado, este es considerado una responsabilidad principal de los hogares y dentro de ellos, de las mujeres, las que se enfrentan a una doble o en algunos casos triple jornada a fin de equilibrar las tareas de cuidado en el hogar, el espacio laboral, quedando cada vez más relegado el tiempo para sus necesidades o inquietudes personales y su autocuidado.

De lo dicho surge que no solo existe una distribución desigual de cuidados entre los diferentes actores sociales - tal como adelantamos en nuestra primera entrega - además, la inequidad distributiva se verifica al interior de los hogares, entre hombres y mujeres. Esto responde a una construcción socio cultural e histórica, basada en el androcentrismo, que sostiene una desigual división sexual del trabajo y la naturalización de la capacidad de las mujeres para cuidar.

Respecto a la naturalización de la capacidad de las mujeres para cuidar, ella obedece a una construcción social que tiene como sustento las características biológicas de los sexos, en virtud de la cual la mujer tiene una capacidad biológica exclusiva de parir y amamantar. Con base en ello, se considera que tal capacidad conlleva de manera indubitable una capacidad superior y natural para las tareas de cuidado.

Explica Zibecchi (cit. por Batthyány, 2011) que la naturalización de las responsabilidades femeninas en el cuidado sostiene las asimetrías de género en sentido horizontal (entre miembros de la pareja), las que muchas veces se trasladan también verticalmente derivando responsabilidades de madres y padres a hijos y particularmente a hijas.8

En la gran mayoría de los casos, la mujer recurre a otras mujeres a fin de asegurar el cuidado, creando redes familiares o comunitarias, según los recursos disponibles.

En este sentido, debe tenerse en cuenta la distinta realidad socio-económica de las mujeres, que le permite con más o menos recursos para elegir la forma de organizar el cuidado de las personas que de ella dependen, por ejemplo, en el acceso a servicios de cuidados remunerados.

De este modo, la ausencia de acceso a formas alternativas de cuidado se agudiza en los grupos sociales de escasos recursos económicos, lo que incrementa la desigualdad.

Señala Zibecchi (cit. por Batthyány, 2011)9 que el hecho de que las mujeres efectúen el trabajo de cuidado aún en las peores circunstancias a costa de perder posibilidades de inserción en el mercado laboral, tiempos de descanso y de ocio, tiene consecuencias tanto en términos de calidad de vida como de ejercicio de derechos:

- Cansancio: por la renuncia a los tiempos de descanso, de esparcimiento y de ocio;

- Alto costo psicológico: por el esfuerzo emocional que implica asumir importantes responsabilidades de cuidado de otros miembros de la familia en soledad y sin las condiciones mínimas garantizadas (servicios de cuidado, ingresos económicos para cuidar, servicios básicos, entre otros);

- Dificultades o imposibilidad absoluta para la inserción laboral.

Para mayor abundamiento repárese en los resultados arrojados por las encuestas del uso del tiempo - instrumento que permite conocer qué tipo de actividades realizan las personas, cuánto tiempo dedican a cada una de las mismas y cómo se distribuye el uso del tiempo en este conjunto de actividades entre varones y mujeres - practicadas en la ciudad de Buenos Aires (2005) y en la ciudad de Rosario (2010)10:

- Una inmensa mayoría de mujeres participa en actividades de trabajo doméstico no remunerado para el propio hogar (limpieza, compras y preparación de alimentos). Muchos varones también lo hacen pero en una proporción menor. Lo mismo sucede con las actividades de cuidado.

- En promedio, las mujeres dedican a estas actividades el doble de tiempo que los varones.

- Cuando las mujeres se insertan en el mercado laboral, continúan efectuando estas actividades de cuidado. Por lo tanto, renuncian a tiempos de descanso y de ocio.

- En los hogares donde ambos cónyuges participan en el mercado laboral, la distribución de responsabilidades de cuidado sigue estando concentrada mayormente en el tiempo de las mujeres.

- El reparto de las necesidades de cuidado y la intensidad del uso del tiempo varían según la composición de los hogares, incrementándose claramente con la presencia de niños y niñas en el hogar.

Dichas conclusiones se profundizaron durante el aislamiento social preventivo y obligatorio (ASPO) dispuesto por el Poder Ejecutivo Nacional con motivo del Covid-19. Según la Encuesta de Percepción y Actitudes de la Población. Impacto de la pandemia y las medidas adoptadas por el gobierno sobre la vida cotidiana de niñas, niños y adolescentes, realizada entre el 8 y 15 de abril por UNICEF, el 51% de las mujeres entrevistadas manifestó que la sobrecarga de tareas de cuidado sobre ellas se exacerbó durante el ASPO. Ellas se hacen cargo del 65% de las tareas del hogar frente al 35% de los varones.11

En este contexto, si es que en término de justicia se razona, se torna imperioso orientar las prácticas de cuidado y promover la corresponsabilidad entre varones y mujeres, distribuyendo en forma equitativa las cargas al interior de las familias. Lo contrario supondría profundizar la desigualdad y legitimar la vulneración de los derechos de las mujeres. Como señala Pautassi (2007): “La problemática del cuidado y la determinación sobre quién lo provee (para sí o para otros) remite a un problema de ejercicio de derechos”.12



4. Conclusiones

Los cuidados cumplen un rol fundamental en la vida de las personas y en el entramado socioeconómico de los Estados. No obstante, la distribución de las responsabilidades derivadas de los mismos, adolece de grandes desigualdades.

Nuestra propuesta de repensar los cuidados en clave de derechos humanos pretende visibilizar las desigualdades expuestas en pos de alcanzar justicia en la distribución de las responsabilidades derivadas del cuidado, a fin de restablecer y garantizar los derechos de las mujeres que histórica y sistemáticamente han sido vulnerados, como salvoconducto de obligaciones ignoradas por otros actores en la organización social del cuidado.

Impera un debate complejo y estructural respecto al reconocimiento y redistribución de derechos con perspectiva de género, capaz de orientar políticas públicas de cuidado que garanticen la igualdad, todo ello a fin de lograr una sociedad más justa y democrática.



5. Bibliografía

Batthyány, Karina. “Bienestar social, trabajo no remunerado y cuidados”. Comunicación presentada en X Jornadas Investigación de la FCS, Montevideo, 2011.

Butler, Judith. El género en disputa. El feminismo y la subversión de la identidad. España: ed. Paidós, 2001.

Faur, Eleonor. “¿De qué hablamos cuando hablamos de género?”. En Compendio Normativo y Teórico. Talleres sobre perspectiva de género, trata de personas y explotación sexual. Buenos Aires: Oficina de la Mujer de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, 2013.

Ferro, Silvia L. Enfoque de género y sostenibilidad de las condiciones de vida. Una perspectiva para los sistemas de Justicia de Argentina, Buenos Aires: Oficina de la Mujer de la Corte Suprema de la Nación, 2010.

Maffia, Diana. “¿De qué hablamos cuando hablamos de género?”. En Compendio Normativo y Teórico. Talleres sobre perspectiva de género, trata de personas y explotación sexual. Buenos Aires: Oficina de la Mujer de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, 2013.

Pautassi, Laura. El cuidado como cuestión social: una aproximación desde el enfoque de derechos. Serie Mujer y Desarrollo N.º 87. Santiago de Chile: CEPAL, 2007.



Notas

* Abogada. Especialista en Derecho de Familia. Prosecretaria letrada del Juzgado de Niñez, Adolescencia, Violencia Familiar y de Género de Séptima Nominación de Córdoba. Profesora de las materias Derecho Privado VI (familia) y Derecho Privado VII (Sucesiones) de la carrera de Abogacía de la Universidad Siglo 21. Tutora del área de Niñez, Adolescencia, Violencia Familiar y Género del Boletín Judicial del Poder Judicial de Córdoba. Colaboradora Permanente de la Revista Actualidad Jurídica, “Familia & Niñez”.

** Estudiante de la carrera de Abogacía en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Córdoba. Becario de grado por el programa ‘UNC al Mundo’ en la Universidad de Ciencias Sociales, Económicas y Empresariales de Córdoba - España. Empleado del Juzgado de Niñez, Adolescencia, Violencia Familiar y de Género de Primera Nominación de la ciudad de Córdoba. Colaborador Permanente de la Revista Actualidad Jurídica, “Familia & Niñez”. Columnista de opinión en los diarios digitales ‘Minuto Chaco’ - ‘El Territorio’ y ‘La Política Digital’.

1 Organización Mundial de la Salud (OMS), “Temas de salud. Género”, https://www.who.int/topics/gender/es/

2 Judith Butler, El género en disputa. El feminismo y la subversión de la identidad (España: ed. Paidós, 2001).

3 Eleonor Faur, “¿De qué hablamos cuando hablamos de género?”, Compendio Normativo y Teórico. Talleres sobre perspectiva de género, trata de personas y explotación sexual, (Buenos Aires: Oficina de la Mujer de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, 2013).

4 Diana Maffia, “¿De qué hablamos cuando hablamos de género?”, Compendio Normativo y Teórico. Talleres sobre perspectiva de género, trata de personas y explotación sexual (Buenos Aires: Oficina de la Mujer de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, 2013).

5 Silvia Liliana Ferro, Enfoque de género y sostenibilidad de las condiciones de vida. Una perspectiva para los sistemas de Justicia de Argentina, (Buenos Aires: Oficina de la Mujer de la Corte Suprema de la Nación, 2010).

6 Karina Batthyány, “Bienestar social, trabajo no remunerado y cuidados” (comunicación presentada en X Jornadas Investigación de la FCS, Montevideo, 2011).

7 Batthyány, “Bienestar social…

8 Batthyány, “Bienestar social…

9 Batthyány, “Bienestar social…

10 Batthyány, “Bienestar social…

11 Equipo Latinoamericano de Justicia y Género. “En la crianza no hay lugar para #Padres Pintados”, ELA, 21 de junio de 2020, http://www.ela.org.ar/a2/index.cfm?muestra&aplicacion=APP187&cnl=4&opc=47&codconteni do=4224&plcontampl=12.

12 Laura Pautassi, El cuidado como cuestión social: una aproximación desde el enfoque de derechos. Serie Mujer y Desarrollo N.º 87 (Santiago de Chile: CEPAL, 2007).

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