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Doctrina

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Código Unívoco
1215
Revista
Penal y Proc. Penal
Número
259
Título
¿El principio de culpabilidad vs. el principio de imputación recíproca en materia de coautoría?
Autor
Nicolás Lamberghini
Texto

Sumario: 1) Introducción. 2) El hecho. 3) Decisión cuestionada. 4) Planteo defensivo. 5) La resolución del ad quem. 6) Voto de la minoría. 7) Análisis de la resolución. 8) Conclusión.



1. Introducción

En la siguiente exposición, analizaré el caso “Prax”3, resolución dictada con fecha 09/06/2017 por la Cámara de Acusación de la ciudad de Córdoba, que intervino como Tribunal de apelación ante el recurso interpuesto por el defensor del imputado Maximiliano Oscar Prax en contra de la decisión del Juzgado de Control de 2da. Nominación que confirmó la prisión preventiva del incoado, la que había sido dispuesta por el Fiscal de Instrucción interviniente. Intentaré en las líneas que siguen exponer los fundamentos dados por la mayoría del Tribunal de Alzada para sostener que en este caso no correspondía aplicar el principio de imputación recíproca que rige en materia de coautoría, y cómo la responsabilidad subjetiva y el principio de culpabilidad se imponen como límites a la hora de imputar una conducta recíprocamente entre coautores, cuando uno de ellos se excede del plan común convenido. Adelanto que, a contrapelo del engañoso título de este escrito, los principios de imputación recíproca y culpabilidad lejos están de enfrentarse, pues, por el contrario, se complementan al momento de resolver situaciones como las que aquí se plantean.



2. El hecho

El día 15 de julio de 2014, aproximadamente a las 16:00hs., los imputados Catriel Aaron Quiñones y Maximiliano Oscar Prax, junto a un tercer sujeto que no fue individualizado, se hicieron presentes con fines furtivos y obrando de común acuerdo, en Av. Madrid esquina calle Murcia de barrio Villa Revol, de esta ciudad de Córdoba, lugar en el que se encontraba caminando Esteban Andrés Mourgues, quien resultara víctima del hecho. En esa circunstancia, los encartados Quiñones y Prax sorprendieron a Mourgues, tomándolo de los brazos, al tiempo que lo arrojaron al piso, mientras el otro sujeto no individualizado le quitó ilegítimamente el bolso que el nombrado llevaba consigo conteniendo en su interior una serie de elementos varios. Seguidamente, los tres malhechores se dieron a la fuga, siendo perseguidos por la víctima, momento en que el sujeto no individualizado, que se encontraba unos pasos más atrás de sus compinches, tomó una botella de coca cola de vidrio que se encontraba en el interior del bolso sustraído y, con el objeto de lograr su impunidad, se la arrojó a Mourgues, no logrando impactarle, aunque sí distraerlo. Finalmente, este sujeto no individualizado logró darse a la fuga, mientras que Quiñones y Prax fueron sorprendidos por la presencia de personal policial que patrullaba en la zona, quienes lograron su aprehensión.



3. Decisión cuestionada

Con fecha 09/11/2016, la Fiscal de Instrucción del Distrito II Turno I ordenó la prisión preventiva del imputado Maximiliano Oscar Prax por considerarlo supuesto coautor penalmente responsable del delito de robo calificado por el uso de arma impropia -hecho nominado primero- (arts. 45, 166 inc. 2, 1º párrafo del CP) y coautor del delito de robo -hecho nominado segundo- (arts. 45 y 164 del CP). Al ser notificado de la medida cautelar dispuesta, su defensor, el Asesor Letrado Penal del 14° Turno, defensor del imputado Prax, formuló oposición, solicitando la libertad de su defendido, entendiendo que la calificación legal del hecho nominado primero -robo calificado por el uso de arma impropia (art. 162, inc. 2º, primer párrafo del CP)-, no era adecuada y debía ser modificada, aplicándose la figura básica del ilícito en cuestión -robo simple (art. 164 CP)-. Su planteo se centró en cuestionar las reglas de coautoría aplicadas por el órgano instructor, quien soslayó lo dispuesto por el art. 47 CP, que regula lo relativo a la limitación subjetiva de responsabilidad para los cómplices, debiendo aplicarse dicha norma al presente caso. Así, sostuvo que, por un lado, el desapoderamiento se efectuó con violencia física sobre el damnificado Mourgues, sin que se haya utilizado un arma a tales fines. Luego de ello, al momento de la huída, mientras Quiñones y Prax corrían por delante del tercer sujeto no identificado, este último, al advertir que la víctima lo seguía y pedía que le devolvieran las cosas, extrajo una botella de vidrio del bolso de propiedad de Mourgues que llevaba consigo, y se la arrojó al damnificado. Teniendo en cuenta esto es que señaló que debía aplicarse al caso la limitación de responsabilidad dispuesta en el art. 47 CP, que procede cuando uno de los agentes se excede en el hecho delictivo ejecutado, difiriendo éste del ilícito que el cómplice acordó y con el que se comprometió. De este modo, refirió que ante la inexistencia de convergencia intencional con relación al delito de mayor gravedad, se produce una ruptura del nexo causal, que es el que permite atribuir por extensión la responsabilidad penal por el hecho delictivo agravada. Así, la defensa de Prax solicitó la modificación de la calificación legal, requiriendo que se le atribuyera el delito de robo simple. Agregó otros fundamentos para cuestionar la medida de coerción, que a los fines de este trabajo, carecen de interés.

El planteo antes expuesto fue rechazado por la Jueza de Control interviniente, quien decidió confirmar la prisión preventiva del encartado Prax y la calificación legal de su conducta. Así, entendió que conforme la evidencia recolectada en la causa, la conducta que desempeñó Maximiliano Oscar Prax en el hecho, integra la acción típica del ilícito endilgado (violencia sobre la víctima para reducirla), lo que permite comprenderlo dentro de la división de tareas de un plan delictivo global, típico de la coautoría. Agregó que el accionar del tercer individuo, quien arrojó la botella de vidrio en contra de Mourgues, produce la agravación de la conducta ilícita, por haber utilizado un arma impropia (botella) con la finalidad de procurar su impunidad. Para sostener ello, arguyó que dicha botella de vidrio fue arrojada en contra de la víctima en el curso de una persecución que tuvo lugar inmediatamente luego de producido el desapoderamiento; y que no medió solución de continuidad entre la perpetración de dicho desapoderamiento, la persecución privada por parte de Mourgues y la violencia ejercida contra este último. Por ello, al haber participado Prax como coautor del ilícito y no como un mero cómplice del mismo, no es la regla de limitación de la responsabilidad subjetiva la que debe aplicarse en el caso, sino el principio de imputación recíproca, sin que excluya la unidad de contexto el hecho de que Prax y Quiñones se hayan encontrado más adelante del otro individuo no identificado, ni rompa el nexo causal entre el desapoderamiento y el empleo del arma impropia, por lo que la agravante debe serle también reprochada a Maximiliano Oscar Prax.



4. Planteo defensivo

La resolución del Juzgado de Control fue apelada por la defensa del imputado, quien sintéticamente, y en relación al agravio aquí analizado, expuso los siguientes argumentos:

- Que el a quo hizo extensivo en forma indebida la responsabilidad a Prax, aplicando como fundamento legal un criterio objetivo de responsabilidad penal para la coautoría, entendiendo que no se aplicó al caso ninguna limitación subjetiva de responsabilidad penal, por lo que se omitió la regla general de la participación criminal en cuanto a que deben concurrir para todos los coautores los requisitos de: codominio del hecho, elementos subjetivos exigibles del tipo penal y elementos especiales de autoría.

- Que respecto al requisito de codominio del hecho, todos los partícipes coautores deben estar vinculados por una resolución común, que es la voluntad de éstos de realizar el hecho típico, y eso es lo que justifica la imputación recíproca directa de todos los aportantes. Por ello, los actos no enmarcados en los límites del plan común no pueden hacerse extensivos al resto de los coautores cuando el coautor que no ejecutó directamente no conoce, o pudo conocer, esa aportación del ejecutor cuando no fue acordada, prevista o previsible.

- Que ello es congruente con las reglas de la coautoría -que habilitan a la imputación recíproca- que determinan que el coautor, para ser tenido como tal, debe efectuar un aporte con relación al hecho de trascendencia funcional que permita suponer que el hecho típico no podría haberse cometido sin su participación.

- Que en el caso analizado, de acuerdo a las circunstancias de modo, la sola condición de coautor de Prax en el hecho de robo simple no permite extender sin más la agravante delictiva por los actos llevados a cabo por el otro copartícipe, pues implicaría establecer una responsabilidad penal objetiva (prohibida en materia penal) al responsabilizar a Prax por actos ajenos, carentes de un nexo causal que permita sustentar la imputación recíproca que se pretende.

- Que en ese sentido, la conducta del compinche no individualizado de Prax, tendiente a lograr su impunidad (arrojar la botella de vidrio contra la víctima), resulta una conducta autónoma e individual del agente ejecutor durante el tramo final del hecho, compatible con una acción de autoría única y por tanto ajena a su defendido.

- Que el a quo tampoco hizo lugar a la solicitud subsidiaria de aplicar la limitación subjetiva prevista en el art. 47 del CP, basándose únicamente en la condición de coautor de Prax, que excluiría la aplicación de esta norma; no obstante lo cual, parte de la doctrina (Ricardo Núñez entre otros) entiende que su aplicación en la coautoría no se encuentra prohibida legalmente y sería compatible con principios de atribución de responsabilidad penal (subjetiva).

- Que la no ponderación de la limitación de la responsabilidad penal en el caso implica una violación del principio “nullum crimen nulla poena sine culpa”.



5. La resolución del ad quem

La Cámara de Acusación, por mayoría, admitió parcialmente el planteo de la defensa de Prax, y en consecuencia, resolvió modificar la calificación legal de la conducta del nombrado, a la de robo simple (art. 164 CP).

Resumo a continuación, el voto del Dr. Carlos Alberto Salazar, al que adhirió el Dr. Maximiliano Octavio Davies, quienes constituyeron la mayoría que acogió el planteo defensivo:

- De la prueba, se puede conjeturar que el designio criminoso de los imputados estaba dirigido a desapoderar a la víctima de un bolso, mediante el empleo de violencia sobre su persona, pero sin el empleo de ningún tipo de arma.

- Los incoados dividieron sus tareas: Prax y Quiñones inmovilizaron a la víctima, tirándola al suelo y propinándole un golpe de puño; mientras que el tercer sujeto no identificado, fue quien se apoderó del bolso. Esto marcó un límite temporal, a partir del cual deben analizarse las conductas inmediatas posteriores de cada uno de los imputados: por un lado, Prax y Quiñones iniciaron una fuga a pie, alejándose de su otro compañero; mientras que este último, en ese mismo contexto de acción, y siendo raudamente perseguido por el damnificado, decidió espontánea, autónoma e individualmente, arrojarle una botella de vidrio que estaba dentro del bolso sustraído, acción que le permitió distraer a su perseguidor y darse a la fuga, logrando su impunidad.

- De las constancias de autos, no se desprende que Prax y Quiñones hayan conocido ni consentido la agresión perpetrada por su compinche, quien claramente fue el único que se benefició con la utilización del arma impropia, pues logró su impunidad, mientras que sus compañeros fueron aprehendidos por personal policial que patrullaba por el lugar.

- Apoya esta tesitura el hecho de que la botella que se utilizó como arma impropia fue hallada dentro del bolso sustraído, el que estaba en poder del sujeto NN, por lo cual mal pueden haber conocido de su existencia los coimputados Prax y Quiñones, máxime al no haber existido interrupción entre el apoderamiento y la fuga.



6. Voto de la minoría

Por su parte, la Dra. Patricia Farías no estuvo de acuerdo con sus compañeros y apoyó la calificación legal de la conducta de Prax dispuesta por la Fiscal y confirmada por la Jueza de Control interviniente, a cuyos argumentos se remitió, aunque realizó algunas consideraciones. Así, sostuvo que la fuga fue emprendida simultánea y conjuntamente por los tres coimputados, dirigiéndose incluso en el mismo sentido, “siendo la distancia que los separaba propia de una carrera”. Agregó que tal circunstancia (que el sujeto NN se quedara más atrás) posibilitó que pudiera arrojar el envase de gaseosa a la víctima, lo que a la postre benefició a los tres sujetos, pues provocó que la víctima se detuviera y cesara en su actividad persecutoria; no obstante lo cual, al tomar en ese momento direcciones distintas, el tercero NN logró su cometido, mientras que Prax y Quiñones fueron sorprendidos por un móvil que ocasionalmente pasaba por el lugar.

Finalmente, citó al TSJ en la causa “Luque” (Sent. N° 17 del 26/02/2009), afirmando que la limitación subjetiva contenida en el art. 47 del CP no puede aplicarse a los coautores, “desde el momento en el que los mismos, tomando parte de la ejecución del hecho, no pueden alegar una intención distinta y menos grave que la correspondiente al hecho cometido”. De esta manera, la Dra. Farías entiende que, existiendo coautoría, es de aplicación el principio de imputación recíproca, por el cual todo el hecho se atribuye a todos los intervinientes, y si bien el acto de arrojar la botella, lo realizó el tercero que se dio a la fuga, todos deben responder por el delito de robo calificado por el uso de arma impropia, no siendo de aplicación aquí el art. 47 del CP, que se aplica únicamente a los partícipes, mas no a los coautores.



7. Análisis de la resolución

En este punto, estimo conveniente aclarar cuál es el eje de la discusión. El art. 47 del CP establece que en la ejecución del plan criminal, si el autor se excede de aquello que fue primigeniamente convenido y comete un delito más grave, el partícipe no responde por ello, y será penado únicamente en razón del hecho que prometió ejecutar. Esto se denomina limitación de responsabilidad por exceso del autor. Ahora bien, ¿qué pasa cuando uno de los coautores se excede del plan común y comete un hecho más grave que el previsto? ¿Deben responder también por ese exceso los restantes coautores que se habían comprometido con un delito menos grave? ¿Puede aplicarse el art. 47 CP también a los coautores? Parte de la doctrina (De la Rúa-Tarditti, por ejemplo) entiende que la regla de la limitación de responsabilidad solamente se aplica a los cómplices, y no a los coautores, pues en este último caso rige la imputación recíproca de los aportes individuales que cada coautor brindó en la ejecución del hecho, a partir de la división de funciones. No obstante, otros autores (Donna y Mir Puig, entre otros) controvierten esta afirmación y consideran viable la aplicación de dicha norma en casos de exceso en la coautoría. En este marco se sitúan las discrepancias que existen entre la defensa del imputado Prax y lo resuelto por el Juzgado de Control.

A fin de poder comprender cabalmente la cuestión traída a discusión, entiendo necesario repasar algunos conceptos básicos en relación a la coautoría. Si bien existen diversas teorías para explicar la distinción entre autores inmediatos, coautores y autores mediatos, la teoría del dominio del hecho es la que prevalece en la doctrina contemporánea. Así, es autor quien tiene el dominio in totum de la acción, es decir, quien ejecuta el tipo de propia mano; el autor mediato tiene un dominio de la voluntad, pues instrumentaliza a otra persona que es quien ejecuta el hecho; y el coautor posee un dominio funcional de la acción, en tanto existe una división de trabajo dentro de un plan global, en el cual cada aporte individual resulta esencial a los fines de la concreción del hecho total planificado.

Adentrándonos en la coautoría, Roxin (1997) se refiere a ésta como “autoría funcional”, en donde varios correalizan la ejecución en distintos papeles (funciones) de tal forma que sus aportes al hecho tomados en sí, completan la total realización del tipo. Balcarce (2002), por su parte, la define como aquella en la que “varias personas, de común acuerdo, toman parte en la fase ejecutiva de la realización del tipo, codominando el hecho entre todos (dominio funcional del hecho)” (p. 534). Citando a Roxin, señala que existen dos tipos de requisitos para su configuración: uno subjetivo, dado por la existencia de un acuerdo o hecho común, es decir, la decisión conjunta de llevar a cabo el plan criminal; y otros objetivos. Estos últimos son: a) que exista codominio del hecho derivado de cada aportación, basada en la división de trabajo o de funciones entre los intervinientes; b) que el aporte sea realizado en la fase ejecutiva del hecho; y c) que ese aporte o función sea esencial y necesario, vale decir, difícil de reemplazar.

El requisito del plan común es fundamental en materia de coautoría, previo a la ejecución conjunta, pues todos los intervinientes deben ser conscientes que junto a ellos hay otros aportando a un mismo hecho común. No basta, pues, la mera yuxtaposición de conductas, sino que deben estar en sintonía, actuando coordinadamente.

En principio, y contrariamente al principio de accesoriedad que rige para la participación en sentido estricto, en la coautoría rige el principio de imputación recíproca, el cual implica que a cada uno de los coautores se les imputa la totalidad del hecho, sin importar el aporte concreto que hayan realizado. Mir Puig (2011) enseña que según este principio, “todo lo que haga cada uno de los coautores es imputable (es extensible) a todos los demás. Sólo así puede considerarse a cada autor como autor de la totalidad. Para que esta «imputación recíproca» pueda tener lugar es preciso el mutuo acuerdo, que convierte en partes de un plan global unitario las distintas contribuciones” (p. 401). Para entenderlo mejor, viene bien un ejemplo: A y B entran a robar en una verdulería. Mientras A sujeta un arma y apunta al dueño del local, amenazándolo con disparar, B se encarga de apoderarse de todo el dinero existente en la caja registradora del lugar. Si bien B en ningún momento toma en sus manos un arma, pues de acuerdo a la división de tareas, su función era sustraer el dinero, la conducta de A le es también imputable, por ser parte del plan común, razón por la cual ambos responderán como coautores de robo calificado por el uso de arma.

Es en base a esta regla que la mayoría de la doctrina entiende que el art. 47 del CP solamente es aplicable a los cómplices por el exceso del autor, pues los coautores, al tomar parte de la ejecución del hecho, no pueden alegar una intención diferente y más leve que la vinculada al hecho cometido. Esta es la posición del Tribunal Superior de Justicia de Córdoba, que en numerosos precedentes ha dicho “(…) en materia de co-autoría rige el ‘principio de imputación recíproca’ de las distintas contribuciones. Y, en virtud de este principio, todo lo que haga cada uno de los coautores, es imputable (es extensible) a todos los demás. Por ello, puede considerarse a cada co-autor como autor de la totalidad del hecho, aunque parte del mismo no haya sido por él ejecutado (…)” (TSJ, Sala Penal, Sent. nº 109, 7/6/2007, “Cortez, Renzo Gustavo y otro p.ss.aa. Robo calificado -Recurso de casación-”; en idéntico sentido, “Luna”, Sent. nº 4, 10/2/2006; “Serrano”, S. n° 305, 19/11/2012; “Astudillo”, S. n° 311, 8/10/2013; entre otros).

Lo anteriormente expuesto, y que parece arraigado en la doctrina y jurisprudencia, es lo que controvirtió la mayoría de la Cámara de Acusación en la resolución de la causa que estoy comentando. Entiendo, junto a los vocales de la mayoría, que sostener la aplicación de la imputación recíproca en un caso como el analizado, implicaría violar el principio de responsabilidad o culpabilidad, que exige expresamente que cada cual responda por lo sabido y querido por él. Resulta evidente que Prax no conocía en absoluto la existencia de la botella que fue utilizada como arma impropia por su compinche, pues la misma se encontraba dentro del morral sustraído, con el cual nunca tuvo contacto. Téngase en cuenta que todo se dio de manera muy rápida, no hubo una interrupción entre la consumación del hecho y el comienzo de la fuga, por lo cual no existió posibilidad por parte de Prax de observar el bolso e interiorizarse de su contenido, ni siquiera se dio vuelta a observar qué sucedía con su compañero. Por ello, mal puede achacársele a este imputado un delito que no decidió cometer, al menos no de ese modo, no era ni conocido por él ni previsible, pues la decisión de utilizar un elemento como arma para lograr su impunidad, fue tomada por el tercero NN, quien espontánea, sorpresiva y autónomamente arremetió a la víctima con ella (elemento que casualmente halló dentro del bolso y que no portaban con anterioridad), y fue él quien en definitiva aprovechó ese aporte, al ser el único que logró huir. Así, en dichas circunstancias, debe regir la limitación de responsabilidad por exceso de uno de los coautores. Donna (2009) comparte este punto de vista al señalar que cada coautor responde sólo hasta donde alcanza el acuerdo y no habrá responsabilidad por el exceso del otro. Del mismo modo, Mir Puig (2011) afirma: “Cuando uno de los coautores se excede por su cuenta del plan acordado sin que los demás lo consientan, en principio el exceso no puede imputarse a los demás: más allá del acuerdo mutuo no hay imputación recíproca” (p. 405).

 Comparto íntegramente el punto de vista dado por el Dr. Días, Vocal integrante de la Sala III de la Cámara Nacional de Casación en lo Criminal y Correccional de la Capital Federal, en la causa “Zambrano Joriati” del 2/9/2015, en cuanto refirió que: “(…) En materia de coautoría por división de funciones, todo lo que sea facilitador del plan común cabe suponerlo tácitamente acordado por los intervinientes, empero aquello que constituya un exceso de alguno de ellos, necesitará de una justificación suplementaria para poder trasladarlo al dolo del restante”. Es decir, puede pasar que parte del hecho sea compartido como plan común, mientras que otra parte de él, pueda constituir un obrar autónomo, imputable únicamente a quien lo realizó. Así, que haya coautoría en parte del hecho no implica que la haya necesariamente en todo el hecho. Debe evaluarse caso por caso, y aquello que luzca como un exceso de alguno de los intervinientes, requerirá un mayor esfuerzo argumental por parte del juzgador para poder justificar su atribución al resto de los coautores.

Así, desde un plano valorativo, la decisión de comunicar a Prax una acción delictiva desplegada autónomamente por su consorte de causa prófugo, con significación suficiente como para agravar el comportamiento típico traído a estudio, es claramente violatorio del principio de culpabilidad y de responsabilidad subjetiva. Si se afirma lo contrario, sería retrotraernos a la vigencia del principio del qui versari in re illicita respondit etiam pro casu, es decir, a la punición de una conducta por su objetividad típica, prescindiendo de la voluntad concreta del agente en el hecho, vale decir, el requerimiento de tipicidad subjetiva (dolo). Implicaría hacerlo responder incluso por la “casualidad”, solamente por el hecho de haber ingresado en el ámbito delictivo. Basándome en esta idea, es que estimo que la solución propiciada por la mayoría de la Cámara es correcta, pues hace primar los principios de culpabilidad y de imputación personal, en virtud de los cuales, solo se puede reprochar penalmente a quien de manera subjetiva ha conocido las circunstancias del caso y ha obrado en consecuencia. La responsabilidad es subjetiva y cada uno debe responder por lo que hizo. Si el imputado Prax se comprometió a poner en marcha un robo simple, sin empleo de armas, no se le puede reclamar la utilización del arma que hizo su compañero, de manera espontánea y saliéndose del plan conjunto que se habían dispuesto a realizar, pues implicaría instaurar una especie de responsabilidad objetiva, sin tener en cuenta el efectivo conocimiento y voluntad que debe existir para la imputación subjetiva de una conducta.

 

8. Conclusión

El principio de imputación recíproca se funda en la aceptación por parte de todos los coautores de lo que va a hacer cada uno de ellos, y si, como en el caso comentado, uno de ellos, de acuerdo a las circunstancias del hecho, no aceptó sino un hecho menos grave, no puede ser responsable de ese exceso. Esa fue la respuesta del ad quem y la que comparto plenamente, por ser la más respetuosa del principio de culpabilidad. El art. 47 del CP que en principio solamente procedería en relación a los partícipes, si a su literalidad nos atenemos, debe aplicarse también a los coautores en casos como los comentados, pues la ley no puede penar a nadie a título de dolo por lo que no ha hecho, querido ni previsto. El coautor también responderá y será punible hasta el límite de su convergencia intencional con los otros coautores.

De esta manera, y para dar respuesta a nuestro interrogante inicial, debo decir que el art. 47 del CP, cuyo fundamento es el principio de culpabilidad, no se contrapone con el principio de imputación recíproca. Ello así pues si se comprueba que la conducta era parte del plan común de los coautores, ella deberá ser imputada a todos, más allá de la tarea o función que le haya correspondido a cada uno. Pero si, por el contrario, alguno de los intervinientes no conoció ni quiso el exceso en el que incurrió alguno de sus compañeros, no podrá ser responsabilizado por ello, pues implicaría incurrir en una violación al principio de culpabilidad y de responsabilidad subjetiva.



Bibliografía consultada

Legislación

-Código Penal Argentino: arts. 45 a 47.



Doctrina

Arias Breglia, O. & Gauna, O. R. (2003). Código Penal y leyes complementarias. Comentado, anotado y concordado. 5ta. edición actualizada y ampliada. Buenos Aires: Astrea.

Balcarce, F. I. (2002). Participación Criminal. En Lascano, C. J. Derecho Penal. Parte General (pp. 521-548). Córdoba: Advocatus.

Donna, E. A. (2009). La autoría y la participación criminal. 3ra. edición actualizada. Santa Fe: Rubinzal Culzoni.

De la Rúa, J. & Tarditti, A. (2014). Derecho Penal. Parte General. Tomos I y II. Córdoba: Hammurabi.

Mir Puig, S. (2011). Derecho Penal. Parte General. 9na. edición. Barcelona: Reppertor.

Roxin, C. (1997). Derecho Penal. Parte General. Traducción de la 2da. edición alemana. Madrid: Civitas.



Jurisprudencia

Cámara de Acusación de Córdoba, “Ferreyra”. Auto Interlocutorio n° 123 de fecha 24/4/2013.

Cámara Nacional de Casación en lo Crim. y Correcc. de la Capital Federal - Sala III. “Zambrano Joriati”, Resolución de fecha 2/9/2015.

Juzgado de Control n° 4 de Córdoba, “Bulacio”, Auto Interlocutorio de fecha 17/5/2012.

Tribunal Superior de Justicia de Córdoba - Sala Penal, “Cortez”. Sentencia n° 109 de fecha 7/6/2007.



Notas

1 Un especial agradecimiento al Prof. Dr. Horacio A. Carranza, quien me guió en la confección del presente texto y lo revisó.

2 Abogado egresado de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Córdoba. Especializando en Derecho Penal. Adscripto de las Cátedras de Derecho Penal I, Derecho Penal II y Derecho Procesal Penal en dicha Casa de Estudios. Auxiliar en la Cámara 11ma. en lo Criminal y Correccional del Poder Judicial de la Provincia de Córdoba.

3 “Prax, Maximiliano Oscar p.s.a. Robo calificado con arma impropia, etc.” (Expte. “P”-38/2016, SACM n° 3335779) - Cámara de Acusación de la ciudad de Córdoba - 09/06/2017.

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